Estad Quietos

Antes de entregar su vida por la iglesia, Jesús oró por todos los creyentes. Dijo en Juan 17:20,21, “Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que me has enviado.” Jesús dijo que El Padre y él son uno. (Juan 10:30) y ese es su deseo para nosotros, que seamos uno  para ser un testimonio al mundo. Nuestra unidad es importante para Dios, porque es un testimonio para el mundo.

¿Cómo experimentó esa unidad Jesús con su Padre y que nosotros necesitamos compartir? Lucas 5:16 dice que Jesús, “solía retirarse a lugares solitarios para orar.” Marcos 1:35 dice, “Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.” Jesús necesitaba ser intencional para salir  a lugares solitarios y conversar con su Padre.

¿Por qué lugares solitarios? Para la tranquilidad, quietud, silencio. ¿Ha escuchado usted alguna vez los sonidos del silencio? Están allí, hablándonos fuertemente . . . a su manera. ¿Cuál es su mejor tiempo para orar, dónde, cuándo, lo hace sólo o acompañado? (Le recomendamos ver la película Cuarto de Guerra.)

Para algunos la quietud es su forma de vida, para otros es incómoda. Lo mismo puede ser un tiempo para reflexionar, que un tiempo para crear, un tiempo de recuperación de aflicción o de regocijo, y también un tiempo para escuchar a Dios.

Salmo 46:10 dice, “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.” Ha veces la única manera para conocer a Dios bien es quedarse quietos. Salir de la ciudad, estar en lugares solitarios, en la naturaleza, y a veces es mejor si lo hacemos solos, pero no esta mal hacerlo en compañía, para motivación, para soporte espiritual.

Para oír la voz de nuestros cónyuges a veces necesitamos salir también a lugares solitarios y silenciosos. (A veces a media luz, como cuando éramos novios y buscábamos lugares donde no nos interrumpieran y pudiéramos hablar por horas y horas y así llegar a conocernos mejor.) Los momentos de quietud en un matrimonio pueden crear profundos vínculos de amor y cercanía. Es un tiempo para compartir la forma de intimidad más profunda de nuestra humanidad: la intimidad espiritual.

No decimos que sea fácil y cómodo lograr la quietud entre la pareja. En la actualidad hay barreras que romper. Los horarios de actividades tienen que ser arreglados y hay que bloquear las interrupciones y las intromisiones externas para que ellas no controlen nuestras vidas.

El fin de la semana pasada fuimos como familia a Atacames, un lugar hermoso, pero a veces no se puede ver la hermosura por toda la bulla que está en la costa, estábamos en el paraíso pero solo veamos el caos y cosas no tan edificantes. A veces la bulla es una manera de escapar de Dios.

El salmista nos pide que estemos quietos por una razón muy específica. Cuando llenamos nuestras vidas con actividades y ocupaciones, es fácil olvidarnos de nuestro Creador. A veces podemos pensar que la mejor manera de honrar al Señor es estar siempre ocupados y no es la verdad. Aún los líderes de las iglesias pecamos en pensar que el activismo es una buena manera de servir a Dios.

Es lo mismo con nuestros cónyuges, en nuestras vidas agitadas es fácil olvidar con quien estamos casados. Hay momentos en medio del día más agitado en que necesitamos cerrar la puerta, apagar el celular, sentarnos en un sillón, recostarnos y cerrar nuestros ojos. El día más atareado que tengamos, es el mejor día para hacer eso, es el momento en el que usted más lo necesita. Dediquen tiempo cada día para reunirse como pareja para que Dios les hable y para que su cónyuge les hable. Aunque sólo sean 60 o 90 segundos de silencio en que se sienten juntos, puede ser el tiempo apropiado para que Dios les hable. ¿Qué quiere decir Dios a su matrimonio o a su familia en estos momentos de quietud y reflexión?

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