La Biblia dice que Dios odia el divorcio y a los esposos abusivos (Malaquías 2:16). Sin embargo El Nuevo Testamento menciona dos circunstancias específicas donde el divorcio esta permitido. En Mateo 19 los líderes religiosos preguntaron a Jesús si era permitido para un hombre que se divorcie de su esposa por cualquier motivo. Jesús respondió diciendo, “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” Los líderes en respuesta mencionaron la excepción en Deuteronomio 24. Jesús respondió, “Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio.”

Jesús usó la palabra griega “porneia” o fornicación o inmoralidad sexual. Algunos teólogos dicen porque no usó la palabra “moicheia” o adulterio, significa que la única razón para divorciarse es si se ha descubierto que su cónyuge tuvo relaciones sexuales antes del matrimonio. Esa fue la razón admisible para José en el caso de María (aunque ella se embarazo por el poder de Dios). Entonces el divorcio no está permitido nunca a menos que sea por esta razón.

Sin embargo otros teólogos dicen que la palabra “porneia” incluye el adulterio, entonces si un cónyuge es infiel a su matrimonio, puede divorciarse, como Dios se divorció del pueblo Israel por su infidelidad. (Jeremías 3:8) Otros teólogos permiten el divorcio en casos de abuso. En todo caso, el pecado más grande para Dios es el adulterio. La seriedad de no divorciarse refleja en las palabras de los discípulos, “Si tal es la situación entre esposo y esposa es mejor no casarse” (Mateo 19:10).

La única otra razón es dada por el Apóstol Pablo en I Corintios 7:15 cuando dice, “Si el cónyuge no creyente decide separarse, no se lo impidan. En tales circunstancias, el cónyuge creyente queda sin obligación; Dios nos ha llamado a vivir en paz.” Este solo se aplica a un creyente que está casado con un no creyente. En este pasaje la meta de un creyente es ganar a su cónyuge para Cristo por su compartimiento (I Pedro 3:1). Estas dificultades serían evitados si un creyente no se casa con un no creyente. La palabra de Dios dice, “No formen yunta con los incrédulos. Qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? (II Corintios 6:14)