Las relaciones son creadas, mantenidas, alimentadas o degradadas y destruidas por la comunicación. La comunicación es el aire que sostiene un matrimonio. Nuestra comunicación es crucial. La causa más común para los conflictos tiene sus raíces en las interrupciones de comunicación. Nuestras palabras pueden ser como “naranjas de oro con incrustaciones de plata” como dice Proverbios 25:11, o pueden corromper a todo la persona y prender “a su vez fuego a todo el curso de la vida” como dice Santiago 3:6. Jesús dijo en Mateo 12:36, 37, “Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá y por tus palabras se te condenará.”

La comunicación puede ser definida como un proceso, verbal y no verbal, de expresar y recibir información y sentimientos, de tal manera que los dos participantes estén seguros que son entendidos. La comunicación efectiva no es algo automático, ni fácil, pues muchos factores interfieren con nuestro deseo para expresarnos abiertamente. La manera en la que nos comunicamos es influido por la persona con quien estamos hablando, el contexto, y por las habilidades que hemos aprendido de nuestras familias.

Los malos entendidos ocurren cuando dos personas se comunican de dos maneras opuestas. Hombres y mujeres se comunican diferentemente. Los hombres se comunica para arreglar cosas o para competir, mientras que las mujeres se comunican para expresar y ventilarse. Los hombres se comunica en el nivel de los hechos, ideas, conceptos, lógica, análisis, la visión grande, y trabajo. Las mujeres se comunican en el nivel de sentimientos, emociones, detalles, intuición, proceso, relaciones y conexiones.