El Matrimonio (un pacto entre un hombre y una mujer) es la cuna de la vida. La definición no debe ser manipulada ni redefinida por un sentido de compasión desacertado y no puede ser sellado sobre cualquier relación. El matrimonio es más profundo lo que nuestra cultura contemporánea nos guía ade creer. Es un compromiso de toda la vida que refrena el ego-centrismo, el ego que permite los excesos, y la gratificación egoísta. Al refrenar el ego centrismo y promover el amor hacia la otra persona, el matrimonio llega a ser la base del orden social y la primer institución que Dios formó.

Jesús dijo, “No han leído que en el principio el Creador los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo? Así que ya no son dos, sino uno solo.” (Mat. 184-6) El matrimonio crea algo nuevo, solo un solo cuerpo. El matrimonio es una unión emocional, física y espiritual entre un hombre y una mujer. Emocional, porque dos personas, hombre y mujer, cada una con sus atributos diferentes se junta en la vida, cada uno asistiendo al otro, alimentando y cuidando al otro. El matrimonio es físico porque es pro creativa, dos seres biológicos separados se unen para crear algo que ninguno puede crear en sí mismo, hijos. También, juntos fueron mandados por Dios para ser fructíferos, multiplicarse, llenar la tierra y someterla. Eclesiastés 4:9 dice “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo.” El matrimonio es la mejor sinergia que Dios ha hecho. Sinergia existe cuando dos o más personas trabajan juntas para producir más resultados que si trabajaran separadas. El matrimonio es espiritual porque es un compañerismo que pone los intereses del otro sobre los suyos propios, una relación que últimamente refleja la unidad de Dios.

Según el plan de Dios, hay tres pasos para el matrimonio. Primero dejar a sus padres; en otras palabras, no ser dependiente de ellos y hacer su propio hogar. El segundo paso es unirse, eso significa tejer o unir sus vidas juntos mediante de un pacto. El tercer paso es llegar a ser solo un cuerpo. Eso significa compartir todo, incluyendo sus cuerpos. Tristemente, muchos saltan al tercer paso sin pasar por los primeros dos. Si quieren tener un matrimonio bendecido por Dios, necesitan cumplir con los tres pasos en orden.